¿Qué plazos son los adecuados para invertir en instrumentos financieros?

En economía y finanzas hay un axioma que, por encima de cualquier otra cosa, todo inversor, independientemente de su tamaño, ha de tratar de cumplir en todo momento: maximizar la rentabilidad minimizando el riesgo.

Da igual que como ahorradores seamos de perfil conservador –es decir, que evitemos la incertidumbre en la medida de lo posible- o que seamos propensos al riesgo. El hecho de minimizar nuestra exposición al riesgo ha de ser la base sobre la que se sustenten nuestras decisiones, y a partir de ahí, operaremos con mucha más tranquilidad. Uno de los más importantes será concretar los plazos para invertir en instrumentos.

En unos momentos en los que el acceso a la información es mucho más sencillo que hace décadas, en la que los titulares y las noticias se propagan y hacen públicos con mucha más facilidad que en el siglo pasado, la cotización de los productos está mucho más expuesta a variaciones.

La volatilidad, que permite ganar mucho dinero o ver comprometida las inversiones, es más elevada que en épocas anteriores. De ahí que la labor de cualquier inversor, independientemente de los mercados en que deposite su confianza, sea saber en todo momento qué está ocurriendo, tratando de no dejar nada a la improvisación: un buen repaso a las noticias micro y macroeconómicas, palpar qué se cuece en los mentideros, los foros, los blogs, incluso –aunque ya vayan con cierto retraso- la prensa salmón, ayuda a tener la información necesaria para anticiparse a los mercados.

De igual manera, a la hora de invertir en cualquier mercado, hay que tener claras dos decisiones: el plazo y la rentabilidad esperada.

 

El plazo

 

Podemos operar a corto, buscando beneficios en esa volatilidad comentada, o podemos operar a largo, de manera más tranquila y buscando subidas de valor orgánicas. En este segundo caso, es básico invertir con dinero que no necesitemos en momentos puntuales de cara a evitar cualquier exit que estropee nuestras ganancias.

 

La rentabilidad esperada

 

Hay productos que pueden proporcionarnos los beneficios deseados en un corto periodo de tiempo, y otros en los que tendremos que esperar plazos más largos. Sea como sea, si de primeras fijamos la rentabilidad que deseamos, será mucho más sencillo gestionar las posibles subidas o bajadas. Combinando esta decisión con la del plazo comentada con anterioridad, podremos hacernos una composición que nos permita tomar decisiones.

Si a estas dos variables –plazo y rentabilidad- le añadimos nuestro perfil de riesgo (conservador o propenso), iremos definiendo poco a poco las características que ha de cumplir el producto en que invirtamos de cara a estar lo más tranquilos posibles durante el plazo de inversión.

De no ser así, de meter nuestros ahorros en productos en los que no estemos cómodos –por cualquiera de las razones citadas con anterioridad- estaremos nerviosos en todo momento, mirando las cotizaciones, buscando información que no seremos capaces de asimilar o, y esto es lo más importante, pensando que nos hemos equivocado a la hora de invertir.

Los distintos productos existentes pueden hacernos ganar mucho dinero, pero también han de ofrecernos hacerlo de una manera tranquila.

 

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