Trump busca aliviar el efecto de la guerra comercial con China

El primer efecto de la guerra comercial que Donald Trump ha abierto es el pronunciado descenso en la exportación de productos y materias fabricados en Estados Unidos que hasta hace apenas unos meses China compraba con avidez. Uno de ellos es el gas natural licuado, del que Pekín era hasta finales de 2018 el tercer comprador y ahora ni siquiera llega al puesto 15 en la lista de importadores. Además, desde esta semana, ese fuel está sujeto a aranceles del 25%, y por eso el presidente norteamericano visitó este martes una de sus principales plantas de exportación, la de Cameron LNG en Luisiana.

«Volvemos a estar en una posición muy fuerte. Ellos quieren alcanzar un acuerdo y es probable que suceda. Mientras, estamos ingresando mucho dinero en EE.UU. y demostrando fuerza. Nada semejante le ha sucedido a China antes», dijo el presidente. Lo cierto es que los aranceles de un 25% sobre una cantidad estimada de 250.000 millones de dólares (223.000 millones de euros) los pagan en realidad las empresas norteamericanas que compran sus productos a China.

Trump está intentando mantener un complejo equilibrio. Dice que quiere sellar un nuevo acuerdo comercial con China, pero a la vez defiende que los aranceles, que son impuestos a la importación, son positivos para la economía norteamericana. En el corto plazo ha conseguido reducir asombrosamente el déficit comercial de EE.UU. con respecto a China, que ha bajado un 16,2% en un mes hasta colocarse en los 20.700 millones de dólares (18.400 millones de euros), su mínimo en cinco años. Políticos y empresarios, sin embargo, le advierten de consecuencias negativas en el medio y largo plazo.

Arma electoral

Los oponentes del presidente de cara a las presidenciales de 2020 han comenzado a emplear la guerra comercial como munición electoral. El exvicepresidente Joe Biden dijo en una entrevista en la cadena de radio WMUR que los aranceles «están matando a los trabajadores y a los campesinos americanos». Y no sólo son los demócratas. El senador John Cornyn, republicano de Texas, calificó la política de «inadecuada» y el también conservador Chuck Grassley, de Iowa, acusó a Trump de «sordera» e «ignorancia» en este problema.

Por indicación del presidente, que no es del todo ajeno a las implicaciones de este conflicto comercial, su gobierno ha comenzado a preparar un paquete de ayudas al campo, como el que autorizó el año pasado por valor de 12.000 millones de dólares. Los republicanos creen que este año aumentarán esa cifra a al menos 15.000 millones. El problema tiene unas ramificaciones que han espantado a los mercados, que registran pérdidas encadenadas desde que la semana pasada fracasó la negociación entre China y EE.UU.

La patronal advierte de que la inflación va a subir, porque los aranceles del 25% a productos como muebles, electrodomésticos o juguetes tienen que traducirse en un aumento de precios. Además, los aranceles aprobados por China como represalia comienzan a afectar a granjeros, agricultores y pescadores que dependen en gran medida del mercado asiático.

Un as en la manga

Trump se verá el mes próximo con su homólogo chino Xi Jinping en una cumbre bilateral en los márgenes de la reunión del G-20 en Japón. Ese es el as en la manga del presidente: salvar la crisis con un trato de los que tanto le gustan sellado cara a cara en el último momento. «Nuestra negociación va bien, va a seguir, pero debemos asegurarnos de que el trato alcanzado es bueno para nosotros, porque no queremos seguir siendo los perdedores en el comercio», dijo Trump.

Este martes, la patronal minorista -la Retail Industry Leaders Association- advirtió a la Casa Blanca de que gravar todas las importaciones chinas, como planea, «supone una amenaza contra toda la economía, porque los precios de todos los artículos subirán». Trump se dispone a ampliar los aranceles del 25% a todos los productos fabricados en China hasta cubrir el equivalente unos 375.000 millones de dólares. Eso será, sin embargo, si las negociaciones fracasan. Los nuevos aranceles están en vigor desde el pasado viernes y los productos adquiridos con esos precios más altos no llegarán a puertos norteamericanos hasta al menos el mes próximo.

 

Fuente: ABC

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