¿Los mercados están mejor con el discurso de la Fed o sin él?

Últimamente, la versión de hablar claro del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, casi hace que uno añore los tiempos de las crípticas declaraciones de Greenspan. Fue el viejo presidente de la Fed, después de todo, quien una vez dijo a un senador, “si le he parecido demasiado claro, debe haber entendido mal lo que he dicho”.

Para Greenspan, “titubear con gran incoherencia” era la esencia misma de la banca central Pero la crisis financiera de 2008-09 cambió todo eso.

Al principio, los expresidentes de la Fed, Ben Bernanke y Janet Yellen, creían que era importante tranquilizar a los participantes del mercado con las “orientaciones prospectivas”, una técnica que parece haber excedido su vida útil porque sitúa la política monetaria del banco central en un camino resbaladizo demasiado a menudo.

Bernanke además instituyó la rueda de prensa, que se ofrece tras la reunión de política monetaria del Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC) cuatro veces al año. Powell expandió esta práctica a las ocho reuniones, para que todas las reuniones pudieran seguirse “en directo”, es decir, listo para cambiar la política monetaria y dejar que la prensa explore el significado de los cambios.

Pero Powell también subrayó que quería alejarse del galimatías de sus predecesores economistas y, como no-economista, explicar la política monetaria en un lenguaje tranquilo. Dijo que quiere hablar a los pequeños negocios, no sólo a los grandes negocios de Wall Street. Aun así, sea cual sea su público, el mensaje tiene que ser claro si va a estar hablando todo el tiempo.

Sin embargo, su intento de evitar la jerga significa que también evita la precisión en su comunicación con los participantes del mercado que están en sintonía con la jerga. Combinado con la innegable falta de oído de Powell —parece tener poca idea del impacto que sus declaraciones tienen sobre los mercados—, podría decirse que este discurso llano crea más confusión que los incoherentes titubeos de Greenspan.

De hecho, muchos de los comentarios de Powell rozan la jerga y a menudo se toman como tal. Cuando Powell describió el recorte de un cuarto de punto en la reunión del FOMC a finales de julio como un “ajuste a mitad de ciclo” fue una frase familiar para los participantes del mercado que pensaban que suscitaría dudas acerca de que haya más recortes de los tipos de interés debido a la historia de ese término.

Es cierto que la Fed está caminando sobre una cuerda floja. Intenta leer los datos positivos como un indicio de una economía relativamente robusta que no necesita urgentemente un estímulo monetario, aunque justificando la implementación de más estímulos.

Por supuesto, Bernanke y Yellen pudieron permitirse el lujo de no tener que tomar muchas decisiones. Durante sus respectivos mandatos, la Fed bajó las tasas de los fondos de re referencia hasta casi cero y las mantuvo allí varios años. Las diferencias de opinión en el FOMC fueron exclusivamente sobre cuándo deberían empezar a subir las tasas.

Hubo disidentes a lo largo del camino, pero nada como las idas y venidas de las últimas dos reuniones, pues los disidentes se mostraron en contra de la falta de recortes de los tipos de interés uno de los meses y después en contra de los recortes en la siguiente.

Una de las consecuencias de que haya una rueda de prensa después de cada reunión del FOMC, es que Powell aparece un montón de tiempo en pantalla. Vemos y oímos mucho más sobre su política monetaria que probablemente sobre la de ninguno de sus predecesores.

La demora de la administración a la hora de cubrir los dos puestos vacantes de la Junta de Gobernadores también ha contribuido a un vacío que Powell llena. De los cinco miembros actuales, el vicepresidente de supervisión Randal Quarles y la representante de la pequeña banca, Michelle Bowman, no comentan normalmente sobre la política monetaria, dejando que sólo Powell y dos gobernadores aborden estas cuestiones.

Los presidentes de los bancos regionales comparecerán bastante a menudo en sus distritos o en grandes conferencias, pero la mayoría de ellos no tiene derecho a voto durante el año en cuestión. Esto significa que reciben menos audiencia a nivel nacional, especialmente cuando están compitiendo con el presidente para que se les escuche.

La novela distópica clásica de Orwell, 1984, introdujo la neolengua, una versión simplificada del inglés para hacer más claras las declaraciones del Gran Hermano. No funcionó demasiado bien. Las palabras a menudo resultaron significar lo contrario de lo que parecían.

El experimento de Powell no ha funcionado demasiado bien tampoco. Es tentador decir que es hora de que los banqueros centrales vuelvan a quedar en silencio, pero eso probablemente llevaría a una confusión aún mayor.

Una solución podría ser incluir a otro funcionario en la rueda de prensa, ya sea el presidente de la Fed de Nueva York, John Williams, en calidad de vicepresidente del FOMC, o Richard Clarida, el vicepresidente de la Fed, o ambos.

El vicepresidente Luis de Guindos se une a regularmente al presidente Mario Draghi en la rueda de prensa del BCE, aunque hay que reconocer que no aporta mucho.

Pero es que Powell no es Draghi. El exgobernador del Banco de Italia pone el dedo en el pulso del mercado y se encarga enteramente de la cuestión de la comunicación —desde el bazooka de “lo que sea necesario” a su magistral manejo de las expectativas en cuanto al futuro rumbo de la flexibilización monetaria.

A Powell le vendría bien algo de ayuda y no es necesario que esté solo en el podio. Inevitablemente, por supuesto, la prensa podría comenzar a dirigir sus preguntas a Williams o Clarida para obtener respuestas en las que los mercados puedan confiar. Pero el público podría estar mejor atendido de esa manera.

 

Fuente: Investing

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